martes, 10 de enero de 2012

Himno de la Ciudad



Salud, noble ciudad,
salud y honor
Traemos para tí
rimas de paz y amor.

Ceuta mi ciudad querida,
la siempre noble y leal
cuantos a tus playas llegan
encuentran aquí su hogar.

Avanzada en el Estrecho
puente, al África tendido
no existe región de España
que en ti no encuentre su nido

Eres la madre de todos;
triste y doliente en la guerra
y en la paz acogedora
como la nativa tierra.

Yo te canto Ceuta amada.
Canto tu sol tu alegría.
Canto tu gloriosa historia
Canto en tí, la Patria mía

Y el grito de ¡Viva Ceuta!
suena en mi alma
cual eco fuerte
de un ¡Viva España!

Salud noble ciudad
salud y honor.
El himno es para tí
canto de paz y amor

Aquel niño que ha llegado a viejo: El Patio de Don Juan

Aquel niño, que ha llegado a viejo, nació en Ceuta el 12 de abril de 1.924, por lo que suscribe los versos del poeta José María Arévalo:
             
                                 Caballa hasta los huesos me proclamo
                                         Tu amante y soñador de siempre he sido.
                                         Y soy el más feliz porque he nacido
                                         en la tierra de España que más amo



Aquel niño nació en la calle José Luis de Torres, número 93, en el Patio de Don Juan. 


¿Y quién era José Luis de Torres? Pues un periodista, Diputado por el Distrito y que participó al Ayuntamiento de Ceuta, que el Senado había aprobado definitivamente el proyecto de la jurisdicción civil para la Ciudad. Las gestiones que había hecho el Sr. de Torres y su feliz terminación fueron las causas para que se le pusiere nombre a una calle, hecho que ocurría el 26 de junio de 1.914.

Mas no fueron muchos los años que disfrutó el Sr. de Torres con su calle, pues posteriormente pasó a llamarse Primo de Rivera, luego Soberanía Nacional, posteriormente Falange Española y, en la actualidad, como se la ha conocido popularmente, calle Real. El número cambió del 93 al 81 y, hoy día, 61. Menos mal que algo baja: los números de las calles.

¡Cambio de nombres de calles! Recuerdo, aquí en Córdoba, a Don Rafael Navarro, a la sazón profesor de latín del Instituto Femenino "Luis de Góngora". Don Rafael, muy buen profesor por cierto, lo había sido mío en Ceuta. Aquí, con cierta frecuencia nos veíamos, charlábamos, tomábamos café juntos, por cierto en una cafetería llamada “La Gloria”, cuyo dueño se apellidaba San Pedro. La primera vez que me preguntó que dónde podríamos tomar café, le respondí que yendo con un cura, iríamos a la “Gloria”. Un día, nada más verme, me suelta:

        “¿Es verdad que en tu pueblo le han quitado el nombre a mi calle? Me he encontrado con el hijo de Doña Sara Pérez Naya, la directora de la Escuela de Comercio, y me lo ha dicho. Además, al ver la cara que he puesto, me responde:
“Don Rafael, no se ponga Ud. así, porque se la quitarán a Franco y a José Antonio, que son más importantes que Ud.”
        Esto ocurría en plena época franquista y aquel joven bancario supo predecir lo que acontecería al cabo de unos años.
        La calle Deán Navarro Acuña discurre por la cara sur del Mercado Central de Abastos.
       
¿Y quién era Don Juan? Su nombre completo fue Don Juan Francisco Jiménez Atienza, nacido el 21 de mayo de 1.881 en Santo Tomé (Jaén). Hizo el servicio militar en Málaga, en el Arma de Caballería, siendo el Capitán de su escuadrón el luego célebre General Gonzalo Queipo de Llano.
        Su llegada a Ceuta la sitúo anterior a 1.909, pues en febrero de este año falleció su madre y fue enterrada en Ceuta, donde residía.

        Su comienzo fue como relojero, de ahí su amistad con Odón Carrasco, quien tenía la joyería “La Columna”(por una columna junto a la puerta de entrada) en plena calle Camoens y cuyas hijas, bastantes años después regentaban la joyería, frente por frente de donde su padre se había establecido.

        Don Juan tuvo un garaje y sobre 1.922 disponía de un cine en el antiguo solar donde estuvo la pescadería, que dio paso al edificio de la denominada Casa Trujillo, inaugurado en 1.926.
        Recuerdo de haber visto, cuando niño, el aparato de proyección, un cubo de unos 45 cm. de arista y que disponía de un juego de lentes plano-convexas, que me encantaba jugar con ellas. El taquillero del cine era Rafael, sobrino de Don Juan.
        Mientras tanto, Don Juan, que vivía en la calle Alfau, y sería por 1.922, compró a Consuelo de Huelbes Gullón la casa de altos y bajos de José Luis de Torres marcada con el número 93, que lindaba por la cara norte con dos huertas. El terreno adquirido tenía algo más de 700 metros cuadrados.
Y ese es el comienzo del Patio de Don Juan.


Don Juan, en los años veinte regentó una sala de variedades en la calle Peligros, 

y a finales de la década poseía el Restaurante “La Plata”. Estaba situado en la Plaza de los Reyes, en su vértice NE, formando ángulo con la delegación de Gobierno, lo que hoy es Caja Madrid. 
En el antiguo restaurante se situó una entidad bancaria, que luego se trasladó a la Plaza del Teniente Ruiz.
Los primeros pisos, o partidos, del Patio de Don Juan son muy modestos, construidos para gente muy humilde, de poco poder adquisitivo. Constaban de una sola habitación, que era el dormitorio, y se accedía por una pequeña estancia donde existía un poyete con un fogón: era la cocina. Los servicios estaban fuera y eran de uso común para unos cuatro vecinos. Existía, en el patio central, un pilón con un grifo enorme que, a presión, suministraba el agua. El alquiler era de veinte pesetas. En uno de ellos vivía María Losada, de El Puerto de Santa María, con su hija Pepa Moreno, tuerta, adonde yo solía ir a la caída de la tarde para verlas encender el quinqué, aparato con el que solían alumbrarse. Se dedicaban al servicio doméstico, donde ganaban 35 pesetas mensuales. Me encantaba estar con ellas, pues Pepa tenía gran habilidad para narrar los cuentos.
También había partidos de dos habitaciones y una pequeña cocina. Alquiler: 40 ó 45 pesetas. Ni que decir tiene que el combustible usado era el carbón de leña, para lo cual las mujeres iban al Patio de la Tahona, en el número 69 de la calle Real, donde María suministraba tan tiznante producto. Como la gente joven, y no tan joven, ignora cómo se encendía el fuego, lo explicaré brevemente. Un trozo de trapo, a veces papeles, se impregnaba de aceite o petróleo-recordemos que muchas casas utilizaban quinqués para el alumbrado- se hacía arder, previamente colocado en el carbón junto al fogón, se cubría con el carbón de canutillo, pues los pedazos más gruesos ocupaban los laterales, y con un soplillo de esparto se agitaba hasta lograr que el carbón ardiese uniformemente. Parece ser que un día de caluroso verano, llegó un barco de turistas al muelle de la Puntilla y un avispado mancebo se acercó a ellos ofreciendo el “typical spanish” para mitigar el calor. Lo que sí podemos decir es que hizo su agosto.
El tercer tipo de viviendas ya eran otra cosa. Disponían de tres habitaciones y una cocina amplia, con el servicio dentro. Su alquiler solía ser 60 ó 65 pesetas.
Ya en el año 1930 comienza la II fase del Patio de Don Juan. Se aprovechan las huertas de la cara norte y se construyen 17 viviendas, con dos dormitorios, comedor, cocina y servicio. Su alquiler, 65 pesetas. Mas los de la azotea, por tener una habitación menos, pagaban 45 pesetas. El nuevo edificio, de tres plantas y azotea, daba a lo que se denominaba Prolongación Linares E, y que se  llamó Almirante Lobo, con el número 9. Lo mejor es que comunicaba, a través del patio, la calle Real con la calle del Lobo. 

Hoy en día es la calle Salud Tejero, locutora que fue de Radio Ceuta, EAJ 46.
La calle del Lobo es una T. No había tráfico rodado, los críos jugábamos a nuestras anchas. Las hembras a sus casitas, el piso, pase misí, el escondite…Los varones, según el “año”. Creo que el “año” coincidía con las estaciones: el trompo, el “gua” con las arandelas, las bolas, los huesos de damasquillo y, todo el “año”, la pelota. Había que tener cuidado que la pelota no se “embarcase”, es decir, que no cayese en el interior de una vivienda. Todas las vecinas solían devolvernos nuestra pelota, todas menos Corina, enfermera de la cruz Roja, de carácter áspero.
La III fase del Patio de Don Juan comienza allá por el año 1935. Se construye en la cara oeste, medianera con el Patio de la tahona, un total de nueve partidos y uno más en la azotea. La entrada al piso es el comedor, a la izquierda un dormitorio y a la derecha el otro. Frente a la entrada, cocina y servicio. Ya son muy distintas estas viviendas a las primitivas del patio. Su alquiler, 65 pesetas. Tenían agua corriente y cisterna, como las que anteriormente se construyeron dando al callejón del Lobo. La Fiscalía de la Vivienda se creó en 1924, ya han pasado más de la mitad de los años treinta, no estamos en tiempos de la República, y las nuevas autoridades exigen la “cédula de habitabilidad” para poder alquilar una vivienda, y los modernos pisos incumplen una de las normas: los retretes no pueden dar a las cocinas. Don Juan se ve obligado a reformar el retrete-cocina, según se van desocupando las viviendas. Ahora los retretes no darán a las cocinas, pero sí, nada más entrar en una vivienda, tropezamos con la puerta del servicio. Años después, se agudiza el problema del agua en Ceuta, las viviendas sí tienen grifos, pero éstos se mueven menos que el casillero de la A. D. Ceuta.

Los sábados era el día de abonar a los albañiles su bien merecidos jornales. Don Juan solía llenar unos porrones de vino tinto, y su esposa preparaba unas suculentas tapas. Recuerdo aún las apetentes tortillitas de bacalao, los denominados “soldaditos de pavía”. Decía Don Juan que así, el obrero llegaba a su casa con todo el jornal, y evitaba la tentación de entrar en una taberna y tal vez gastar más de lo debido, que pertenecía a su mujer y a sus hijos.
Evoco que, de vez en cuando, repartía hogazas de pan, la voz se extendía y era una larga cola la que se formaba en las escaleras de acceso a su casa para recoger esa limosna. Pero ¡ay! Frente al patio estaba otro, llamado Patio del Túnel, donde vivía Victoria Mur, una señora lechera que compraba pan duro para sus cabras, y en alguna ocasión nos informaba que hasta ella llegaban individuos para venderle el pan recién recibido. Los hijos de la lechera, Juan y Quiteria Mateo Mur, suelo verlos por el verano, con salud quebradiza.
Yo era un niño afortunado, pues, de vez en cuando, un Sargento de Sanidad, José Heredia, vecino del patio, me invitaba al cine. El matrimonio de José con Aurora no tenía descendencia. Ya no vivían en el patio, el militar se retiró de teniente, y pusieron un pequeño puesto de periódicos en Jadú, calle Teniente Coronel Gautier. Les atendía una sirvienta musulmana, que tenía una hija, Aixa, muy buena estudiante, que fue la protegida de los Heredia y que casó con un oficial de las Fuerzas Armadas Marroquíes.
También Don Juan me invitaba a que lo acompañase en sus paseos matinales. Nos sentábamos en el Bar Kin o en el Bar Hispania. Un camarero colocaba la copa, un par de terrones de azúcar, envueltoa en su estuche de papel, la cucharilla, jarra de agua y vaso, para luego pasar a llenar la copa. El café iba en una cafetera que servían a gusto del consumidor, así como en otro recipiente iba la leche. Para mí era un espectáculo manejar cafetera y lechera, y llenar la copa. Don Juan era muy rumboso y no dejaba, estando él, que nadie abonase la consumición. Entre sus compañeros de tertulia estaban Remigio González Lozana, abuelo que fue de Manuel Chaves, Manuel Guerrero (funcionario de Hacienda), Francisco de las Heras Jiménez, abogado y procurador, diabético, sacaba su cajita y edulcoraba el café con sacarina. De las Heras murió asesinado el 11 de abril de 1936, en el interior del taxi donde viajaba, en la calle Canalejas, confluencia con las escalerillas del Molino. Crimen que, hasta el día de hoy, no se ha aclarado.
Don Juan falleció el 8 de noviembre de 1939. Fue enterrado al siguiente día en el nicho 172 de la Galería Central, del cual era propietario, así como del 171. Ambos nichos, adquiridos en enero de 1928, estaban cubiertos por una lápida esculpida por Eduardo Troyano, quién también había sido vecino del patio. Allí permanecieron sus restos hasta mayo de 1999, en que fueron trasladados a la denominada nave San Juan, por el derribo de la Galería Central, por su mal estado.
Casó con Doña Marcela Pérez Serrano, a quien también se la conocía como Doña Mercedes. 

Como no tenían descendencia, la instituyó heredera universal de todos sus bienes. Habiendo sido contraído el matrimonio en esta Ciudad y ser vecinos de la misma ambos contrayentes desde hace más de diez años, les es aplicable el “Fuero de Baylio”, vigente en Ceuta. Y con arreglo al mismo, se hacen comunes los bienes aportados al matrimonio y se reparten a la disolución como gananciales.
El Patio de Don Juan, 51 vecinos, estaba formado por gente de condición modesta. Había taxistas, carpinteros, albañiles, electricistas, policías, gente de la mar, suboficiales del ejército, marinos de guerra, pequeños funcionarios, etc.
En el año 1941 vivía en el patio el granadino Ángel Martín Lagos, Teniente del Regimiento de Infantería, que fue padre del que llevaba el mismo nombre y ocupó la Consejería de Gobernación del primer gobierno de Andalucía de Manuel Chaves.
Aparatos de radio no había más que tres, allá por los años treinta. Uno era de Don Juan y los otros dos, de ramón Goded, catalán, y de Francisco Vaquero, madrileño, ambos empleados de Radio Ceuta.
¿Qué si me acuerdo de los carnavales de Ceuta? Cómo no me voy a acordar, si en el patio vivía Roque Guerrero Ros, antes de mudarse al denominado Patio de las Gaseosas, porque allí, en el Callejón del Lobo, se elaboraban estas bebidas, así como sifones. Se podía acceder a la fábrica, también, a través del Bar Cantábrico, de Nicasio, y un pequeño borriquillo era el que, en una noria, ayudaba a la tarea. Recuerdo a Roque, a la caída de la tarde, con su blusa blanca, paño en el antebrazo, con un cesto, pregonando los garibaldis y monas, bollos de la época.
Compañero de Roque era Eugenio, vendedor de pescado, quien diariamente llegaba al patio con sus cestos cargados de frescos productos. La comida más socorrida para los pobres era la sopa de almejas, por lo barato que era ese producto. ¿Se han fijado Uds. En los precios de este molusco?
Pues sí, tanto a mi hermano menor como a mí nos vestían de “Pierrot” y a mi hermana, la más pequeña, de turca y ¡hala! Al baile infantil de disfraces que se celebraba en el Casino Africano, sito en el edificio denominado “Casa de los Dragones”.
Lo más divertido era ver pasar las máscaras. Algunas iban en camionetas, otras, andando. Todavía me acuerdo del disfraz de Antonio Ruiz de Conejo, disfrazado de “Pepona”, con sus zapatitos de charol, sus calcetines blancos tobilleros, su traje y su enorme lazo.
Aún me acuerdo del estribillo de alguna murga:

“Tú no sabes conducir
Ni coches ni camiones
Sólo sabes llevar
Un cesto de boquerones”

A veces pienso que podría ser dedicada por algún compañero a Eugenio. Éste figura, en una de las fotos salidas en la prensa local, al lado de Roque, sosteniendo en su mano derecha un jarrillo y una vara en la otra mano.



Otra murga popularizó:

“Al pasar por la Cruz Roja
lo primero que se ve
la mano de la Corina
poniendo el siete otra vez”

Vamos a intentar explicar esta coplilla. La Cruz Roja realizaba, y sigue realizando, una rifa, por aquel entonces de 200 números. Efectuaba el sorteo una enfermera llamada Corina. La Cruz Roja disponía de un método muy simple para informar del resultado, que consistía en colocar unas tablillas con los números agraciados, iluminados por una bombilla, y situados dichos números, a mano, a través del balcón de la sala donde se celebraba la rifa. Pues bien, una noche sale el 7, a la siguiente otra vez el 7. Cuando dos noches consecutivas salía el mismo número, la gente decía que estaba “caliente”. Tercera noche: otra vez el 7. En Ceuta, no se hablaba de otra cosa. Las autoridades pesan las bolas, presencian el sorteo y… 4º, 5ª, 6ª y 7ª noches consecutivas ¡¡el 7!! A ver, matemáticos: ¿probabilidad de que, entre 200 números, salga el 7 siete veces consecutivas?
Cuando por los veranos, aprovechando nuestras fiestas patronales, la Casa de Ceuta en Barcelona, organiza un viaje a nuestra Ciudad, acapara la atención de los medios (prensa, radio, televisión) Diego López Carrasco. Diego nació y vivió en el Patio de Don Juan.
Verano de 2005. Expone en el Museo de Ceuta nuestro paisano, residente en Getafe, Antonio Canca Serrano. Este pintor, de niño, vivió en el Patio de Don Juan.
También nacieron y vivieron en el patio, de niños, tres hermanos: Rafael, José Antonio y Carlos, docentes, hoy repartidos por la Península, también pintores, que han expuesto individual y conjuntamente, en Ceuta, Sevilla, Córdoba y Madrid, entre otras ciudades.
Qué abismo entre los primeros ocupantes de los modestos partidos del patio y los hijos o nietos de aquellos. Tenemos hasta un Doctor en Ciencias de la Información, Javier Ronda Iglesias, autor de diversos libros, entre ellos dos muy divertidos. Sus abuelos, Juan Ronda Marín y Frasquita León, así como su padre, el muy querido por nosotros Juanito Ronda, vivieron en el patio.
África Corbacho, Margarita López, Juan Fernández Pacheco, Nicolás Teodoro… la lista sería interminable.
Hasta hace muy poco, en el muro lateral del antiguo número 58 de la calle Real, había un pequeño hueco, que en su tiempo dispuso de puerta y permitía, mediante un interruptor situado en su interior, encender y apagar una luz roja existente en la desembocadura de la calle Real con la Plaza Azcárate. Como estamos por el año 1930, la circulación rodada  era en ambos sentidos y, bajo el control de un Policía Municipal, regular el tráfico. Fue el primer semáforo manual de la Ciudad. Pero, ¿nada más que vehículos? En el número 42 de la calle Real tenía su establecimiento un señor del que sólo diremos que se llamaba Don Luis y, como vendía instrumentos musicales, se le conocía como “el gordo de la música”, hombre de muy buen carácter. Como las aceras eran muy estrechas y este señor muy voluminoso y, dado que vivía en la calle Canalejas, había de atravesar la Plaza Azcárate. La estrechez de las aceras, la angostura de la calle, hacía que Don Luis no tuviese más remedio que caminar por el centro de la calzada, y el guardia que regular el tráfico cual si se tratase de un vehículo. Se cuenta que un mariquita pasó por delante de su establecimiento, le picó la curiosidad, abrió la puerta de cristales, y exclamó: “¡Pues no creí que era un cristal de aumento!”.
Con estas líneas he querido rendir un modesto homenaje a Don Juan y Doña Mercedes, mis padrinos de bautismo. Gracias a ellos, y a mis padres, Rafael y Adela, al Ayuntamiento de Ceuta, del que fui becario, y a Dios, por la intercesión de nuestra Santísima Patrona, la Virgen de África, que han permitido que yo haya sido el primer universitario del patio, viviendo en nuestra querida Ceuta hasta 1960, en que, por motivos profesionales, vine a Córdoba, y al partir recordé, una vez más, a José María Arévalo:

Adiós te digo Ceuta. Y esculpido
mi amor en la esmeralda que te brilla
se me enreda el dolor en mi mirada



Córdoba, 2006

domingo, 8 de enero de 2012

Mi paso por el Instituto Hispano-Marroquí

MI PASO POR EL INSTITUTO HISPANO-MARROQUÍ DE CEUTA

Si damos un paseo por la calle Beatriz de Silva, muy cerca de la conjunción con la peatonal de González de la Vega -conocida por la calle de Correos-, podemos observar una lápida ,   en la pared, que dice:


No estamos conforme con este texto, ya que el Instituto comenzó a funcionar, como tal instituto, en el año 1.932.
Nosotros comenzamos, en la Escuela Preparatoria, en el curso 1.933-34, teniendo como maestro al onubense D. Joaquín Valdayo Coronel, y yo  nunca oí nada de  Escuela Preparatoria del Patronato Militar, sino Escuela Preparatoria del Instituto.
 
El Bachillerato, propiamente dicho, lo comenzamos en el mes de octubre de 1.934. Recuerdo perfectamente la camioneta de las Fuerzas de Seguridad, situada en la calle González de la Vega. Mencionemos muy brevemente fechas de la Historia de España de aquella época:
·       14 de abril de 1.931, proclamación de la II República Española.
·       10 de agosto de 1.932, sublevación monárquica del General Sanjurjo en Sevilla.
·       Octubre  1.934, levantamiento separatista de Cataluña e insurrección de los mineros asturianos. 
·       18 de julio de 1.936, alzamiento militar y comienzo de la Guerra Civil.
·       1 de abril de 1.939, fin de la guerra.

Quedo incorporado al curso 1º, grupo B, en total unos 50.
Curso 1º B (1.934/35)
Profesor: Don Hipólito Martínez Cristóbal
Asignatura: Lengua de 1º
Vamos a ir narrando  algo de aquellos siete maravillosos años, donde hicimos amistades, que todavía conservamos, como por ejemplo:
·       Manolo Mollá Maestre, militar, ganador del II concurso “Ceuta, mi ciudad querida” convocada por la Casa de Ceuta en Madrid.

·       Federico Morey de Castro, padre del celebrado veterinario Alfonso Morey.

·       Salvador Fossati Ruiz, prestigioso médico.

·       Guillermo Bruzón Perpén, residente en Vigo.

·       Manolo Jiménez Beffa,     exiliado del Pasaje Fernández    a Torremolinos .


·       Miguel Albarracín Gómez, por Cataluña.
·       Conchita Sánchez De Nogués.
·       Fernando Gautier Larrainzar, Teniente General del Ejército. 

·       Luis Martín Díaz
Luis Martín Díaz  (2º izquierda) con Pleguezuelos (2º derecha) y otros compañeros

·       y un corto etcétera, pues no somos muchos los que quedamos de aquella época.
Lo que más me impresionó es que, teniendo nosotros 10 años, nos tratasen de Ud.  -igual que ahora-. Cuenta el sociólogo Profesor Amando de Miguel que, una profesora próxima a su jubilación, o sea, con casi 65 años, recibe en su despacho a un alumno:
-¿Qué desea Ud. de mí?
-Pues mira, vengo a verte para que me des información sobre…..
y aquí le explica el motivo de su visita. Ella, la profesora, sigue hablándole de Ud. al alumno y éste sigue tuteando a la profesora, hasta que en un momento determinado, le dice:
         -“No, si quieres puedes tutearme”
Novedosa para mí,  para todos, era el estudio de la asignatura de francés. Al frente de ella estaba Don Bigta Armenta Moreno, 
D.Bigta Armenta Moreno
Catedrático de Francés
(reproducción del cuento de Caperucita Roja)
                                   
  auxiliado por su esposa Doña Julia Mira Beltrán, mujer de extraordinaria belleza, muy alta, con el pelo blanco, razón por la que conocíamos como “ señorita del pelo blanco”. Además de la gramática francesa, hubimos de estudiar unos conocidos cuentos, en francés, como Blanca Nieves, Caperucita Roja   y otros. Don Bigta nos lo hacía fácil, pues dominaba la técnica del dibujo y acompañaba a la palabra unos trazos impactantes. Sólo disfrutamos de sus clases durante dos cursos, pues fue separado de su cátedra. Madame Julia murió a principios de .1938.
Con el tiempo fui compañero de Don Bigta y recuerdo que estábamos examinando de Grado Superior. Correspondía corregir el ejercicio presentado por una muy buena alumna, Lidia García Espigares. Presidía el Tribunal, el Catedrático Sr. Antón, venido de Melilla, cuando le corresponde hablar y dar su calificación, suelta un sonoro ¡cero!.
-¿Cómo es eso?.
-Fíjese lo que dice esta señorita, que al llegar Colón a América, los indios no tenían cultura.
-¿No cree Ud. que el cero habría que ponérselo al autor del libro donde esta señorita aprendió eso?

Nuestra alumna quedó calificada con buena nota.
En cuarto curso tuvimos a un simpático anciano llamado Don Rufo Moreno  , quien pronto nos hizo olvidar al profesor de tercer curso,  el áspero Don Camilo.


CIENCIAS NATURALES




Comenzamos el primer curso con Don Jaime Rojas Gutierrez, 
D. Jaime Rojas Gutierrez, Catedrático de Ciencias Naturales
y
 Doña Paulina Zavala Lafora, Auxiliar Numeraria

como catedrático, y con Doña Paulina Zavala Lafora, como auxiliar numeraria. Buenos profesores, acompañando las explicaciones con visita al laboratorio. Todavía recuerdo la primera experiencia que versaba sobre la solubilidad de los cuerpos: azúcar (soluble) y arcilla (insoluble). El madrileño D. Jaime Rojas se marchó a León, después de pasar por Cádiz y Oviedo. La catalana Doña Paulina Zavala marchó al Instituto femenino Verdagué de Barcelona.
         En 2º y 3º tuvimos al valenciano Don Feliciano Luna Arenes,  quien a partir de diciembre de 1.936, y durante muchos años, fue Director del Centro. Era el autor de los libros de texto  que usábamos. Buen docente.


        









   Ya en 5º curso nos correspondió el Capitán de Farmacia Militar, Don Blas Prieto Castro, al que conocíamos como el “Capitán Machaca”, pues insistía una y otra vez en sus explicaciones, lo que hacía que no tuviésemos más remedio que aprender. Preguntaba todos los días, por riguroso orden de lista.
Con nosotros estaba en clase, Leonardo Enrique Menacho, 


procedente de una familia muy peculiar, muy conocida en la ciudad, tal vez por el hecho de poseer una librería en la calle Camoens. Eran 3 hermanos, dos varones y una hembra, circulando por la población una coplilla que decía:

Tres cosas tiene Ceuta
Que no las tiene Madrid
el Menacho,
la Menacha,
y el más chico, Menachín.

Repito, muy peculiar, tanto en su forma de vestir, como en la de expresarse.

Vamos a ver, Sr. Menacho, vulcanismo, dice Don Blas, con la respuesta siguiente:

“Ruidos subterráneos, grandes explosiones, la tierra tiembla, enormes columnas de humo, llamaradas inmensas”.
“Muchachos escondeos, que vienen los alemanes, cortó Don Blas.



GEOGRAFÍA E HISTORÍA

Los dos primeros años, cursos 34/35 y 35/36, nos impartieron las clases de Geografía, Don Luis Abad Carretero, Catedrático de Filosofía, y Don Salvador Quintero Delgado, titular de la disciplina, respectivamente. Mucho mejor el primero que el segundo.
Para el tercer curso, Geografía de América, contamos con Doña Ana Molina Mira, tía de África García Molina, de la Librería Tótem. Buena profesora. Eso era ya en el curso 36/37, comenzada nuestra guerra civil.
Los dos primeros cursos tuvimos como compañeras a niñas, existía la coeducación y dependíamos  del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes. Las nuevas autoridades académicas obligan a la separación de sexos y el Ministerio pasó a llamarse de Educación Nacional. La guerra continuaba su curso y la vida en el Centro transcurría sin alteración hasta el fatídico día 20 de enero de 1.937. Eran, aproximadamente, las 12 del mediodía y nosotros en clase con Doña Ana Molina. Se oyó ruido de motores de aviación, procedente de levante, que se dirigían a poniente, hasta que repentinamente se escucharon las explosiones de las bombas arrojadas por los dos aparatos republicanos. Nuestra reacción inmediata fue ponernos en pie y salir corriendo.
“Parece mentira que sean uds. hombres”, fue la respuesta de nuestra profesora.
Inmediatamente permanecimos inmóviles en nuestros asientos hasta que los aviones desaparecieron, rumbo NE y las defensas callaron.
Las bombas  cayeron en el Mercado Central de Abastos y en la calle Jáudenes. Hubo 53 muertos.
Doña Ana, tiempo después marchó a Valencia y allí falleció.
En 4º curso teníamos Historia. Nos la impartía un murciano, llegado de Algeciras, Don Amancio Marín de Cuenca, que se ordenó sacerdote ya mayor. Fue canónigo de la S.I.C. de Ceuta, posteriormente marchó a Sevilla, siendo nombrado Capellán de un convento de monjas y falleció en Murcia, rodeado de sus hermanas y sobrinos. (información y rectificación facilitada por su sobrino Don Álvaro Carreño)
Tal vez sea Don Amancio, el profesor más querido por todos nosotros, por su bondad característica, amenas clases y doctas enseñanzas. Cómo nos enseñaba su materia y formaba como hombres.
Eran tiempos que había que asistir a clase con chaqueta. Un buen día, nuestro compañero Antonio Jiménez se presentó sin dicha prenda. Don Amancio lo invitó a que regresara a su domicilio para recogerla y estar adecuadamente en clase.
Con el tiempo seguía nuestro cariño hacia tan querido profesor. Alguien sugirió, y así acordamos, reunirnos alrededor de su figura, en una cena,  declinó la invitación alegando que sólo tomaba un vaso de leche y un par de bizcochos. Para todos nosotros fue una desilusión muy grande.
Hablaba de Rusia y de Catalina. “Catalina, era mucha Catalina”, recuerdo de una clase.



FÍSICA Y QUÍMICA

La física y química se empezó a estudiar en el 4º año, curso 37/38. Comenzó a darnos clase Don Sixto Morales, a quién ya conocíamos de Matemáticas de primero. Pronto le conocíamos por “Varignon”, pues del Teorema de Varignon no salíamos. Así que, cuando en la Facultad de Ciencias de Granada, llegamos a la estática, Varignon era para mí viejo conocido. Afortunadamente el Sr. Morales Recuero, fue reemplazado por la farmacéutica Elena Perales Guerrero, joven profesora, y que había concluido sus estudios universitarios tres años antes, con la calificación de sobresaliente, en las pruebas de licenciatura. A todos nos encantaba la clase.
Elena tuvo oficina de farmacia en la calle Velarde.
En el Callejón de la Botica, oficialmente calle General Serrano Orive, está situada la conocida “Casa Marañés”; 

en su planta baja existía un bar, “Bar La Vinícola”. No había mas que esperar a que comenzase nuestra clase de Física de 5º, para oír, a máximo volumen, a Concha Piquer interpretando el entonces popular cuplé llamado “ojos verdes”. Para qué la que se formaba en la clase, que impartía Don José Rodríguez Beato, profesor que había llegado de Zafra (Badajoz). Este señor ya era mayor, abrigo y sombrero siempre puestos y las gafas desplazadas, al estilo de los corredores automovilistas, cuando tenía que leer. Creo que no lograba dominarnos completamente. El caso es que lo apreciábamos, pero éramos un tanto indisciplinados.
En el laboratorio de química, qué decir. Don José nos anunciaba el color de la reacción y aquello ni por asomo. “Ahora se va a poner azul”, y aquello aparecía rojo, eso una y otra vez, hasta que Don José acertó. “Ahora se va a poner.... bueno, ya lo veréis”. Ni que decir tiene alguno, o algunos, se dedicaron a modificar las etiquetas de los reactivos.





Estudiaba yo en Granada y llegó a la pensión donde estaba alojado, un señor también profesor de instituto, Don Honorato Álvarez, y que, hoy día, afirmaríamos que era clónico de Don José, ¡vamos!, que podrían ser tomados por hermanos. Al enterarse que yo había sido alumno, aquí en Ceuta de Don José, lo primero que me preguntó fue:
-         ¿Verdad que Don José está loco?

Y Don Honorato, mi compañero de hospedaje, pasó a explicarme su
pregunta:
-         Don José tenía una moto de potente cilindrada y un buen día, mejor dicho, un mal día, tuvo un fatal accidente. Un compañero, que iba de paquete, resultó muerto, y Don José pasó una buena temporada en el hospital, con lesiones cerebrales. ¡Cuando vea a Don José dele recuerdos míos!
En efecto, son las vacaciones, vengo y en cuanto ví a mi antiguo profesor, lo saludo y cumplo el encargo.
Don José detiene su marcha, echa hacia atrás sus gafas, y me suelta
-         ¿Verdad que Don Honorato está loco?.
Don José falleció el 6 de febrero de 1.956 . 

A los pocos días, se colocó un sombrero en la sala de Profesores del Instituto, y allí fuimos depositando, el personal docente del centro, unas monedas para paliar la situación económica de su viuda y de su hija.
Una nieta de Don José, Mercedes, vende, hoy día, cupones de la Cruz Roja, en nuestra ciudad.


LATÍN


El latín lo estudiamos durante cuatro cursos, y lo comenzamos en 4º. Nos impartía las clases Don Hipólito Martínez Cristóbal,   catedrático de la materia , y que ya conocíamos, pues fue nuestro profesor de Lengua española de 1º. 

Declinaciones, conjugaciones y traducciones, todo muy normal. Como Don Hipólito, al terminar el curso, fue trasladado al femenino de Pamplona, donde llegó a ser Director, como lo había sido en Ceuta, para 5º curso, y también 6º y 7º, estuvimos bajo las enseñanzas de Don Rafael Navarro Acuña,    tarifeño, Deán de la S.I.C. de Ceuta. 

Las clases muy divertidas y había que tener una gran agilidad mental para seguir las declinaciones y conjugaciones. Múltiples son las anécdotas que podría contar.
Un día a la semana, y con objeto de traducir, estábamos juntos 5º y 6º cursos. Don Rafael nos insistía una y otra vez, que el adjetivo va invariablemente unido al sustantivo, como una nariz al hombre. 
-         Vamos a ver, dijo, si por una esquina aparece una nariz, detrás ¿quién viene?.
-         Amores, se oyó decir.
-         Señor Alcalá Santos, salga de clase.



Amores,  compañero nuestro, destacaba por ser pariente de Cyrano de Bergerac.

Fue renombrado periodista de ABC, entre otros periódicos.
A Don Rafael le gustaba el humor, pero sólo si lo ejercía él. Tuvo sus problemas con el Sr. Obispo de la Diócesis, a raíz de las obras en la catedral, y en el año 1.965 marchó al Instituto “Luis de Góngora”, femenino, de Córdoba, que ese curso había sido inaugurado. Yo estaba en el masculino, “Séneca”, y eran frecuentes nuestros contactos, yendo mi antiguo profesor, con mucha frecuencia a mi casa.
El Ayuntamiento de Ceuta le dedicó una pequeña calle, que está en la cara sur del Mercado Central de Abastos.
Un día aparece muy serio en mi casa y lo primero que me dice: “¿ Es verdad que, en tu pueblo, le han quitado mi nombre a la calle?”.
-Pues yo creo que no, porque recibo todos los días “El faro” y no he leido nada al respecto, le respondí.
-“¡Ah bueno!”
Esto ocurría sobre 1.967, en plena época franquista.
-“Verás, es que me he encontrado con el hijo de Doña Sara, y me ha dicho:
-“¿Se ha enterado Ud. Don Rafael, que en Ceuta le han quitado el nombre a su calle?”
-“¿Cómo es eso?”
-“No se ponga Ud. así que se lo quitarán a Franco y a José Antonio, que son más importantes que Ud.”

El hijo de Doña Sara, por aquel entonces Directora de la Escuela de Comercio, tenía dotes proféticas.
A los pocos días, uno de los “Faro” traía una noticia mencionando la calle Deán Navarro Acuña, se la transmití a mi antiguo profesor y ya quedó tranquilo.
Por motivos personales y familiares, Don Rafael se trasladó al masculino Instituto “San Isidoro”, de Sevilla.
Ya jubilado, falleció un 13 de agosto de 1.995, a los 91 años de edad.

LENGUA Y LITERATURA ESPAÑOLA

Ya hemos hecho alusión, anteriormente, de Don Hipólito, como nuestro profesor de Lengua de primero. Nos obligó a memorizar poesías. Nos llevó a la emisora local a recitar, organizó un acto cultural, con motivo de la Fiesta del libro, en el casino Militar, donde los más aventajados lucieron sus dotes declamatorias.
En segundo curso, tuvimos a Don Julio Huici Miranda, autor del libro de texto,   buen docente, pero bien distinto a su predecesor. Demasiado serio y le temíamos, ¿por qué? ¡vaya ud. a saber!.

Quinto y sexto curso, la accitana Doña Margarita Moreno, poseedora de un hermoso lunar, “la señorita del lunar”, y “Doña Suspiros”, por la frecuencia de los mismos. La lista de clase era mensual, colocados por puntuación. Buena profesora y cariñosa con nosotros.
Y llegamos al séptimo curso, con Doña África Díez Valderrama,  la célebre Señorita Valderrama, “de exquisitez y melosidad en sus explicaciones”, según frase del anterior Cronista de la Ciudad, José García Cosío. 

Doña África posee una calle en su honor. Baja de estatura, por lo que tomamos con gran regocijo cuando nos escribió en la pizarra el “El elogio de las mujeres pequeñas”, del Arcipreste de Hita:


          “Chica es la calandria
 y chico el ruiseñor
            Más bello cante,
                    No tiene ave mayor.”

MATEMÁTICAS

Nuestro Plan de Estudio comprendía el estudio de las Matemáticas durante los siete cursos de bachillerato. Citaré a Don Serafín Pérez y Pérez Alejandro, Ingeniero Naval, nuestro profesor de cuarto curso. Hombre muy voluminoso, colocaba el sillón orientado hacia la pizarra, se sentaba cuando terminaba sus explicaciones, no sin grandes dificultades. Era buen docente y aprendimos bastante. Creo recordar que suspendió a muy pocos.
En 5º, 6º y 7º nos tocó un gran Profesor: Don José Rodríguez Arce. Tuvimos suerte. Apenas si cogía la tiza. La tiza la manejaba el alumno, el que estaba en la pizarra, hábilmente lo dirigía y así explicaba, claro y conciso. Confieso que he procurado seguir su escuela.
En nuestro curso estaba el asturiano José María Virgos Ortiz. Un día le preguntó: “Don José, ¿cuándo nos examinamos?”. –“Señor Virgos, se está ud. examinando todos los días, desde el primer día de curso.”.
Y tanto que sí. ¿Qué era entonces esas salidas a la pizarra? “Tenebroso mar donde se ahogan todos los peces.”, según humorística definición.
A mí me correspondió salir 13 veces consecutivas.
A lo largo de nuestra exposición hemos ido mencionando a algunos de nuestros profesores, no todos, sería demasiado pesado. Sin embargo, no podemos dejar en el olvido a nuestro Catedrático de Agricultura, el onubense don Horacio Bel Baena,   

todo un caballero, ni a la paciente profesora de inglés, Doña Luz Casares Roldán, cuyo hermano, don José,   fue catedrático de Física y Química y Director del Centro.

En el curso 1.937/38, que nos correspondió el cuarto curso, comenzamos el estudio de la asignatura de religión. Si nos llamamos católicos, debemos conocer nuestra Religión Católica.
La religión, junto a la Formación del Espíritu Nacional y la Gimnasia, Educación Física, constituyeron las denominadas “Tres Marías”. En nuestro Bachiller sí estudiamos Religión Católica”, como acabamos de decir; Gimnasia, en los dos primeros cursos, algunas tablas; pero la Formación del Espíritu Nacional, nada. En séptimo curso, estudiamos filosofía, y el tema 28 (Estado Español), lección 7ª, figuraban los 26 puntos de la Falange. Nuestro profesor, Don Eduardo Conde Botas, omitió el estudio de la citada lección 7ª.
El 18 de julio de 1.936 fue un Alzamiento Militar. Como consecuencia de dicho carácter, al menos en Ceuta, apareció en el Instituto el estamento militar, en forma de los denominados inspectores, quienes eran Comandantes del Ejército. Recuerdo que aparecieron mensajes dirigidos hacia nosotros, rótulos escritos bien altos, bien visibles:
“El arma principal del soldado es la disciplina. Estudiante, tu arma, además de la disciplina, es el estudio y la obediencia.”
“El estudiante cuyo propio honor y espíritu no le estimulan a obrar siempre bien, vale muy poco para el servicio de la Patria. El llegar tarde a su obligación, aunque sea de minutos, el excusarse en males imaginarios que le eximan de las fatigas del servicio....¿?
Posteriormente, supe que este último párrafo formaba parte de las Ordenanzas de Carlos III, donde se había sustituido la palabra “Oficial” por la de estudiante.
Comenzamos el bachillerato unos cien alumnos, divididos en dos grupos. Segundo curso, análoga cifra y también dos grupos. En el curso 36/37 desaparece la coeduación, fuimos un grupo masculino, muy numeroso, y otro femenino. Algunos terminaban tercer curso, aprobaban la Fisiología de 4º e iban a Cádiz, a su Facultad de Medicina, a superar las pocas asignaturas que exigían, para hacerse Practicantes, antecedentes de los actuales ATS.
4º, 5º, 6º y 7º también un solo grupo masculino y otro femenino. Después del 7º curso llegaba el terrible y temible Examen de Estado. Se realizaba, o bien yendo a Sevilla ,  o esperando a que se celebrasen en nuestra ciudad. Y era Sevilla porque, por aquel entonces, Ceuta pertenecía al Distrito Universitario de Sevilla. Melilla pertenecía al de Granada y, posteriormente, lo que hoy llamamos Ciudades Autónomas, pasaron a depender del Distrito Universitario de Granada.
La prueba consistía en realizar una traducción de latín, un ejercicio de redacción de un tema elegido entre dos y la resolución de un problema de matemáticas, también elegido entre dos. Si pasabas el escrito, ibas a un oral donde te preguntaban de todo. Había dos tribunales, uno de Letras y otro de Ciencias. Recuerdo que de Matemáticas hube de hacer desde una división de decimales hasta resolver una integral, pasando muy diversas materias.
Si aprobabas el oral, ya eras Bachiller, si no, a repetir toda la prueba, pues no te servía tener aprobado el escrito. Más tarde anularon esta condición y el escrito sí que te servía.
Si eras bachiller, te expendían el correspondiente Título y ya accedías directamente a la Universidad. O podías optar por el ingreso en algunas de las academias Militares de Tierra, Mar o Aire.
Del centenar que comenzamos en el año 1.934, acabamos séptimo curso, creo que 17. casi todos optamos por dedicar el verano de 1.941, a la preparación del Examen de Estado. Para ello íbamos a la desaparecida Academia Navarro. Recuerdo lo que le aconteció a Manolo Mollá Maestre, en el examen oral, en Historia.


“Hábleme de las guerras carlistas”
Mollá que se había preparado la historia por un libro que se llamaba “Clío”, empezó
-“...los legítimos derechos a la corona que pertenecían a Doña Isabel, pretendían ser ursurpados por su tío Don Carlos...”
fue atajado repentinamente por el examinador, el Sr. Bozac,
-“eso será para ud. porque para otros no”.
Por lo visto, el Sr. Bozac, era un acérrimo tradicionalista.
El 4 de diciembre de 1.941, la mayoría de nosotros, éramos bachilleres.

         Mi regreso al instituto, ya como Profesor, ocurre en el curso 1.952/53, pues me nombran Ayudante interino y gratuito de la sección de Ciencias.
Eso indicaba que trabajaba, no cobraba, salvo una pequeña cantidad en concepto de permanencias, y podían prescindir de mí en cualquier momento.
Ya en el curso 53/54 fui nombrado Profesor Adjunto interino. Mejoré. Algo más cobraba, pero me podían cesar, lo cual ocurrió al curso siguiente, que prescindían de tres de nosotros, pero nos autorizaban a continuar nuestros servicios, en el mismo destino, con carácter gratuito. Dos de nosotros optamos por continuar gratis, porque nuestros alumnos no se merecían que los abandonásemos por mor de la Administración.
El curso 55/56 sigo como Ayudante interino y vuelvo a ser adjunto interino en el 58/59 y el 59/60, hasta el 1 de junio de 1.960 que ceso por haber tomado posesión de mi Adjuntía por oposición en el instituto de Córdoba, posteriormente convertido en masculino y llamado “Séneca”.
En Ceuta, como Profesor, llego a un Instituto, que no es el de mi época de estudiante, aquel de la calle Cervantes.   

Ha desaparecido, forma la actual calle Beatriz de Silva. El actual es un edificio nuevo. Tiene Salón de Actos, aulas para dibujo, salones para la Educación Física, buena biblioteca, al frente de la cual está mi buen amigo Antonio Rico Muñoz, ejemplo para muchos, pues de obrero mutilado –perdió una mano- pasó a ser Maestro, Procurador de los Tribunales y bibliotecario. Disponíamos de Laboratorios de Ciencias Naturales, de Física y de Química. Y, como diría un miembro del concurso “Mira quien baila”, ¡pero! El laboratorio de Química no disponía de agua. Cuando conducía a mis alumnos, utilizaba un matraz para que me llevasen dicho líquido elemento. ¿Quién sería el iluminado que dio el visto bueno a la obra?. Para mayor inri, como le manifesté a Don Juan Reyes Fernández García,   catedrático de Física y Química, 

las tuberías de conducción del agua corriente iban por el tabique medianero de los servicios de profesores y el citado laboratorio. Por lo visto, Reyes, Director del Centro, no se había percatado de ello.
Las alumnas y alumnos, con camisa blanca, jersey gris y una corbata de color, que correspondía con las normas establecidas de identificación del curso por el color de la corbata.
Entre los alumnos de Preuniversitario está uno que, actualmente, será conocido por algunos: Francisco Vidal Bornay, Paco Vidal,    actor de cine y televisión. 

Muchos veranos nos encontramos y saludamos.
Ya que hablamos de actores, citaré a Rosario Galán Díaz, más conocida familiarmente por Carmen Charito. Vivía por Villa Jovita y en aquella barriada había afición por el teatro,allí se inició. Siendo muy jovencita llegó a Ceuta un Alférez de la I.P.S., Perito Industrial, también Licenciado en Filosofía y Letras, muy conocido en los ambientes universitarios sevillanos, así mismo aficionado al teatro y que pronto encandiló a mi antigua alumna. Mas como los seis meses de prácticas de Alférez se acaban, regresa a su Sevilla y se cumple el viejo refrán caballa

“pasando el Estrecho, amor deshecho”.

La revista “Época” se ocupó de estas relaciones, pues el antes citado actor es nada más y nada menos que el que llegó a ser Vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra González.
Carmen Charito trabajó en buenas compañías de teatro.
¿Quién no recuerda la serie “Farmacia de Guardia”?. Una de las intérpretes, Eva Isanta Foncuberta,    

que interpreta el papel de la jovencita que está en Canarias, es hija de dos antiguos alumnos míos: Jesús Isanta y Mercedes Foncuberta. Mercedes, y su hermana María, fueron alumnas de este Centro.
Jesús era Cabo Primero de Automovilismo, destinado en la Base de Córdoba. Una tarde nos vimos, pues quería ir al curso de Oficial del Ejército, necesitaba el Título de Bachiller, para lo cual había de aprobar la “Reválida”. “Cuando tenía tiempo, no quería estudiar; y ahora que quiero estudiar, no tengo tiempo”. No lo olvidemos.
A Eva la hemos visto en teatro y en televisión. Su padre consiguió ser Oficial del Ejército, aunque lo dejó para instalar un taller de reparaciones de automóviles, en una población próxima a Madrid, Getafe.


Y VA DE ALCALDES



El profesor del Instituto, “el caballa” Alfonso Sotelo Azorín,   es nombrado, en 1.973, Alcalde de nuestro pueblo.

Antes hemos mencionado al Sr. Reyes como catedrático de Física y Química, y como Director del Centro. ¿Sabían Uds. que fue alcalde de Jumilla (Murcia), su pueblo? ¿Y Luis Luna Monzó? Regresó, procedente de Ceuta, a su ciudad natal, y allí desempeñó la alcaldía, en Carlet (Valencia). Luna era sobrino del que durante muchos años desempeñó la dirección del Instituto Hispano-Marroquí y Catedrático de Ciencias Naturales, Feliciano Luna Arenes.
Un día paseaba yo por el Zacatín granadino, y en la puerta de un comercio había un cartel que rezaba “se parla el valensiá”. Francamente, no me agradó. Así se lo hice saber a mi buen amigo y compañero, quien me contestó:
“Si en Granada habla un señor el valensiá, la lengua de Cervantes, en todo el mundo, hay más de trescientos millones de hablantes.”
Y entre mis alumnos también los hay que han ostentado la vara de regidor municipal. A saber, entre otros:
o   Adela Escribano Carrasco, alcaldesa del sevillano pueblo de Morón de la Frontera. En la Corporación Municipal figuraba su esposo, José García Benítez, alumno mío.
o   José Caracena Díaz, alcalde de Barbate.
o   José María Osuna Cuevas, alcalde del cordobés pueblo de Almedinilla, y
o   José Antonio Palacios Escobar, hasta hace poco alcalde de nuestra vecina Algeciras.

OTROS ASUNTOS

El 23 de febrero de 1.981, por la tarde, en el Parlamento, se procedía a la votación para la investidura, como Jefe del Gobierno, de Leopoldo Cavo Sotelo. Allí, esperando su turno, estaba mi ex-alumno Javier Paniagua Fuentes, Catedrático de Geografía e Historia, Diputado por Valencia. La llegada del Teniente Coronel Tejero interrumpió la sesión y lo demás es historia.    Paniagua fue Viceconseller de Educación de la Generalitat Valenciana.
Quien tal vez haya sido, en Ceuta, el alumno de más valía, corresponde a un primo de Paniagua, Ramón Fuentes Mas, Profesor de Matemáticas de la Universidad de Navarra.
¿Sabían Uds. que la primera mujer, en España y Europa, Ingeniero de Telecomunicaciones fue mi alumna, la caballa Isabel Morejón?. Terminada su carrera marchó a trabajar a la isla de Cerdeña.
De excepcional valía puede considerarse a mi alumna de Química, Magdalena Ugarte Pérez,   Doctora en Farmacia. Como puede apreciarse en la proyección, la Reina de España, entrega a mi alumna, Doctora en Farmacia, profesora de Bioquímica en la Universidad Autónoma de Madrid, el premio que lleva su nombre, correspondiente al año 1.982.


FUNCIONAMIENTO DE UN INSTITUTO

Para que un Instituto funcione, el Director ha de contar con la colaboración
a)    De un buen secretario. Funciona en el aspecto económico y administrativo.
b)    De un buen jefe de estudios: profesorado y alumnado.
c)     De un buen conserje. Supervisa y controla mil y un detalles.

Aquí, en el Hispano-Marroquí, contábamos como conserje con el Sr. Jiménez Olmedo, Eduardo,    

a quién se le otorgó la Medalla al Mérito en el Trabajo, abro comillas “vistos los méritos que concurren, quien durante sus largos años de servicio, ha demostrado una conducta realmente ejemplar, tanto en eficiencia como afabilidad y valores humanos, reconocido en todo momento por profesores, alumnos y familiares” cierro comillas, según recoge en “El Faro de Ceuta” de 13 de febrero del actual 2.006, Eduardo Jiménez Palmero, su hijo.
Un Centro, como el Hispano-Marroquí, necesitaba de un Jefe de Estudios con gran capacidad. Son muchos los alumnos y muchos los profesores. Por suerte, además del Jefe de Estudios, se contaba con la magnífica colaboración de un laboriosos personaje, ayudante excelente. Me refiero a Francisco Bohórquez Quirós.      

Hoy día, con los ordenadores, creo que la tarea se simplifica; pero entonces,.... qué manera de hacer encaje de bolillos, en la confección de horarios, para contentarnos a todos, máxime cuando la inmensa mayoría éramos pluriempleados y el horario quedase de conformidad.
Los alumnos tenían un Delegado y un Subdelegado de curso. Se encargaba de recoger, antes del comienzo de la primera clase, un parte de incidencias, el cual era devuelto al finalizar la última clase. Ahí figuraban las faltas de asistencia y si algún alumno era acreedor a una falta leve o grave, por su comportamiento. Estas faltas las anotaban en la Jefatura de Estudios y, periódicamente, Bohórquez pasaba por las clases para las “vacaciones” a los de no ejemplar comportamiento.
Los delegados y subdelegados solían ser nombrados entre los mejores de la clase, por el Jefe de Estudios, salvo alguna que otra vez que designaba a algún revoltosillo y era la mejor manera de aplacarlo.
Periódicamente se colocaban las puntuaciones de los cursos, efectuadas con las calificaciones, disminuidas por las faltas a clase y las de orden. Al final de curso, sobre mayo, el mejor grupo era premiado con una excursión a Calamocarro.
A veces charlaba con Bohórquez sobre el comportamiento de los alumnos, echaba mano de las listas y comprobábamos la coincidencia de periodos de agitación de los alumnos con épocas de alteraciones atmosféricas. No hay duda que el tiempo influye en el comportamiento personal.
El hecho que voy a narrar ocurre siendo Director Jaime Rigual Magallón,

nacido en Zorita del Maestrazgo (Castellón). Maestro, Profesor Mercantil, Licenciado en Ciencias Físicas, Actuario de Seguros, lo que le permite ser Catedrático de Instituto, Profesor Numerario de la Escuela de Magisterio y Director de una compañía de seguros.
Era padre de tres varones, moderna versión de Zipi, Zape más IVA.
Múltiples las travesuras.
Una tarde entro en el Centro y me encuentro con el Jefe de Estudios, Luis Luna.
“Oye Pleguezuelos, mira lo que ha pasado: tres alumnos han hecho estallar, en los servicios de alumnos, unos cohetes. No te quiero decir la que se ha armado. Uno de ellos es Salva”. El tal Salva era Salvador Rigual Heredia, el hijo del Director.
-¿ Y lo sabe el padre?
-No, todavía no lo he llamado a la Mutua.
La Mutua era la compañía de seguros desde donde Rigual resolvía incidencias.
-Pues llámalo, cuéntale brevemente lo sucedido, no le digas nombres hasta el final.
Así lo hizo Luna. Respuesta de Rigual, “que se vayan tantos días a sus casas”.
-Es que uno de ellos es Salva.
-Salva, el primero.


UNA TRAVESURA SOSTENIBLE

Miguel Bernadini Jaramillo era el profesor más veterano del Claustro. Comenzó a impartir clase de dibujo desde casi los comienzos del Instituto, antes del año 36. Además, era un artista. Catedral de Ceuta, alrededor de la girola, pintó unos frescos que recuerdan la reconquista de Ceuta por los portugueses.
Entre otros daba clase a un primero femenino, del cual yo era tutor.
Una tarde, terminada su tarea, al abandonar el aula, se encuentra, colgada del pestillo de la puerta, una prenda femenina, un sujetador. Pregunta, ninguna es propietaria. Sigue preguntando y aquello nadie lo había puesto allí. Como no aclaraba nada, se dirige a la Jefatura de Estudios, comunica lo ocurrido. Terrible lo ocurrido.
Reunión a la que acudimos Reyes, como director; Fradejas,  como Jefe de Estudios; 

Bohórquez, como perteneciente a la Jefatura de Estudios; Bernardini como descubridor del hecho, y yo, como tutor del curso.
Aquello no podía quedar impune, no se podía consentir. Me toca mi turno y en vista de que no se aclaraba nada, opino:
“dado que no se sabe quien es la autora de la broma, ni quien es la propietaria del sostén, habrá que tomar medidas.”
Y allí, se acabó el “terrible” hecho, una pícara traviesa y un profesor que debió fingir que no veía nada.

Bien, por fin llegamos al final.
En Física estudiamos la materia y la antimateria: las partículas y las antipartículas.
En la Alquimia, el alquimista   trataba de convertir el plomo en oro. Pido perdón por haberme portado como un antialquimista, por haber convertido el oro de vuestro tiempo en el plomo de mis palabras.
El Alquimista. David Teniers. Museo del Prado
Conferencia pronunciada por Constantino Pleguezuelos  en el Salón de Actos del Palacio de la Ciudad Autónoma de Ceuta en mayo de 2006, con motivo del 75º Aniversario de la creación del Instituto Hispano-Marroquí de Ceuta.